He aquí el ser que
habito
Destrozando a los
santos niños
Miro desde el espejo
Sus desollados
cuerpos
Tan gentiles son sus
pieles
Que las tengo, de
recuerdo
Me pongo de rodillas
A mirar tanta
belleza
Cuanto tomo aquel
cuchillo
Y descubro la
grandeza
Tan hermoso por
dentro y por afuera
Toda mía es la vida,
que frente a mí se acerca
Y los miro con
cariño
Con más piedad, y
sutileza
Como las flores
rojas, caen por la mesa
Y no desperdicio
nada
Todo es arte hermoso
Cuando de sus
cuerpos, abro los cerrojos.
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